martes, 20 de junio de 2017

Si el paraíso tiene playa, estoy en ella.

Llevo tiempo sin publicar en el blog, porque he ido a recargar las pilas navegando con amigos por el Dodecaneso y luego a hacer unas singladuras por tierra en un par de islas del Egeo. Hoy acabo de escribir esto y si tiene algún mérito no es mío, simplemente he descrito lo que me rodeaba.
  
Sombra de tamarisco, aguas traslúcidas y soledad...
















SI EL PARAÍSO TIENE PLAYA, ESTOY EN ELLA

Es junio en el Egeo:
Si el paraíso tiene playa, estoy en ella,

un amplio tamarisco de sombrilla,
un ligero "meltemi" que refresca,
un agua mucho más que transparente
un horizonte azul sin motoras ni velas,
el son de las cigarras, el runrún las olas
y la absoluta soledad que nos rodea.
En resumen, me siento como Adán
y a mi lado está Eva.

Por si crees que me fui hasta el confín del mundo
y hay que currar andando muchas horas,
tengo el coche a dos pasos,
y a sólo diez minutos
espera una taberna, de mesa junto al mar,
con pescado del día y la cerveza helada.
Coincidirás conmigo
que esto, más que un poema,
es definir felicidad.

Ricardo Fernández Esteban ©

El "meltemi" es el viento del norte que refresca las islas del Egeo. Los tamariscos crecen en la arena al borde del mar, que llegan a cubrir con su sombra.


Un horizonte azul sin motoras ni velas...


Es mejor que no revele la ubicación de este paraíso, ya llevamos demasiados paraísos perdidos en el camino y hay que cuidar los pocos que nos quedan. Pero para que no digáis que soy avaricioso, aquí encontraréis un pequeño cuaderno de bitácora de los diez días que hemos estado navegando por el Dodecaneso desde Kos a Samos, donde también hemos fondeado en muchos paraísos. Hay tantas islas en el Egeo, que por mucho que la invasión turística avance siempre quedan algunas que conservan lo que nuestras costas perdieron hace mucho tiempo.

A dos palmos del agua, esperando el pescado