viernes, 13 de febrero de 2015

León Felipe

León Felipe (Tábara, Zamora 1884 - Ciudad de México 1968) otro de nuestros grandes poetas del pasado siglo. Dice Luis Alberto de Cuenca que le gusta el viento heroico e irreal que sopla en sus poemas, arrancándolos de la atmósfera cotidiana que parece reinar en ellos

He escogido un largo y conocido poema, que me gusta mucho y que en parte es un autorretrato. Si queréis leer más de su obra, os dirijo a la antología recopilada en A media voz


¡QUÉ LÁSTIMA!

¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!

Sin embargo...  en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama ¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.
Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!

¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!


León Felipe (Felipe Camino Galicia de la Rosa)


Aquí tenéis a Paco Rabal recitándo magníficamente el poema en este vídeo:  https://www.youtube.com/watch?v=jNz9qfq1L6U .



Por último, como siempre, os recomiendo acudir a la obra escrita en papel, porque no todo tiene que ser digital y un libro en las manos es una buena compañía. Por ejemplo, esta Antología poética suya publicada por Alianza Editorial. 



7 comentarios:

AMALTEA dijo...

Es un poeta extraordinario a quien leí mucho en mi juventud y que hay que retomar cuanto antes.

Fernando Orbaneja dijo...

Es un poeta muy olvidado. Tengo sus obras completas y de vez en vez le releo, porque cada vez me gusta más.
Otro gran valor que murió en exilio

JAIME' VELA dijo...

Gracias Ricardo por compartir a semejante poeta, con todo ese material enriquezco mis cátedras, tienes un gusto exquisito, mil gracias por compartirnoslo, recibe un fuerte abrazo.

JAIME' VELA dijo...

Ricardo, tienes un gusto exquisito al elegir los poemas que nos compartes gentilmente. Me encanta éste poeta, he trabajado mucho la literatura con el. Me deja con una satisfacción fascinante. Nuevamente, Ricardo gracias mil, recibe un abrazo de parte mia.

Anónimo dijo...

Hermosisimo poema! Un canto a la vida cotidiana de los pueblos, como una queja de soledad...

Chame Pérez. dijo...

Este poeta refleja una realidad parada en el tiempo, siempre habrá quién mire através de cristales prestados, aquello que mantenemos oculto, la pobreza. Siempre habrá quien en ella encuentre verdades que las riquezas no cubren. Da importancia a un presente que desde ya, se ancla. Nos demuestra que no es importante tener pero, sí que es importante, sentir. Hace sentir...

Gracias por compartir unas palabras que despiertan sentires que movilizan a mirar, a ser espectadores activos de la realidad que continuamente se repite. Solamente siendo conscientes, podremos cambiarla.
Gracias.

Paradigma TV dijo...

Esta mañana de domingo lo he leído dos veces aunque ya lo conocía bien. La primera me impresionó su sencillez y profundidad. La segunda intenté acompañar en voz alta la lectura de Rabal y no pude contener el llanto. ¡Que grande era León Felipe! Murió en mi país, le conoció mi padre y llevo para siempre en el alma su frase a Don Quijote, "hazme un sitio en tu montura, que yo también voy cargado de amargura".

Gracias por la emoción.