lunes, 30 de enero de 2012

A pesar de mis quejas, no se está nada mal aquí en Folégandros.

Las islas cambian y no es posible que pretendamos disfrutarlas sólo nosotros. Escribí estos versos en mi tercer viaje a Folégandros, una pequeña isla del Egeo que peligrosamente está poniéndose de moda, pero si sabes buscar todavía conserva sus encantos. De todas maneras, y por si acaso, daros prisa.


FOLÉGANDROS... A PESAR DE MIS QUEJAS...

Una de las 6 plazas de la Jora
A pesar de mis quejas
no se está nada mal aquí en Folégandros,
pero pasa que busco más que años atrás,
busco que todo siga igual y no es posible.

Cuando te conocí coqueteabas
con un turismo peligroso;
no resististe y ¡quién resistiría
cuando eres isla pobre y te ponen hoteles!
Los primeros que llegan te respetan,
les gusta que te vistas como siempre,
no te piden que cambies de costumbres.
Pero ya sabes cómo son los hombres
—y en vez de hombres podría decir mujeres—
disfrutan presumiendo de conquistas
con amigos, no siempre presentables,
y aparece la envidia: “será mía”
 —se dicen— “si fue de él”

Llega entonces la tribu carroñera
—la que nunca descubre, la que copia—,
y se presentan como amigos
de tu primer conquistador.
Y tú —mi isla inocente— te confías,
les muestras tus encantos, te desnudas
Un hotel de "encanto"
y te visten de puta o mojigata
—los extremos se tocan en lo hortera—
y te usan, te gastan, te transforman
con hoteles de encanto que horripilan
o con bares de premio de diseño,
de almohadones y música “chil out”,
pura réplica —Ibiza, Bali, Mýkonos—
pasto para consumo de tribus replicantes.
   
Por eso te pregunto, a ti mi isla adorada:
¿Dónde guardas lo auténtico
del rostro griego que me enamoró?
Te miro y me respondo:
Lo tienes escondido detrás del maquillaje
y sé, que si lo pido,
vendrás a visitarme con la cara lavada,
sin afeites ni implantes, natural,
para seguirme seduciendo.
Por eso —como dije al comenzar—
a pesar de mis quejas
no se está nada mal aquí en Folégandros.

Además, no es cuestión de ser un extremisla,
también me gusta que te pintes cuando toca.
Sifnos en el horizonte
Ahora mismo gin tonic y tumbona
junto al acantilado de la “Jora”
frente al atardecer, contando islas:
Milos, Kímolos, Sérifos y Sifnos,
Andíparos, Despotikó, Paros y Síkinos,
constelación de cícladas rompiendo el horizonte,
mientras el sol se oculta y el rojo se refleja
sobre la balsa azul de la piscina.
¡No estás tan mal con maquillaje, isla!,
me has vuelto a seducir
aquí en Fata Morgana, en este hotel
junto a la antigua Jora de Folégandros.

Más islas, más adendas de Grecia.
Ricardo Fernández Esteban ©


Desde la piscina del hotel "Fata Morgana"

Pues como os decía al principio, a pesar de mis quejas no se está nada mal aquí en Folégandros, pero daros prisa en venir si aún queréis verla sin el maquillage turístico. Aquí tenéis lo que le escribí a Folégandros cuando aún no había sido invadida.

Aquí tenéis otros poemas de este blog dedicados a las islas griegas

Capillas junto a la cala de Galifos

1 comentario:

fus dijo...

Que maravilla de naturaleza viva, no tienes derecho a quejarte...solo a vivir y disfrutar de cada momento, porque pocos sitios deben de quedar como tu isla.

un fuerte abrazo

fus